Poco a poco los demás invitados empezaron a llegar y mientras esperaban a que le reloj dieran las 10:30, Maximiliano empezó a sentir que los nervios empezaban a controlarlo ya que a cada rato miraba su reloj de mano para luego alzar la vista y mirar a todos lados en busca de la limusina que debía traer a su ángel, la cual aún no llegaba.
- Max, cálmate parece que te dará algo si sigues así – le regaño James, mientras buscaba a animar a su amigo.
- Es que ya son las 10:20… y aun no llegan – dijo