— Sí. Quiero que investiguen todo y atrapen a la persona que lastimó a mi mujer. No me importa cuánto cueste. Sin errores — ordenó antes de colgar la llamada, con una mirada sombría.
El ambiente en el restaurante estaba cargado, pero no por la cálida atmósfera usual. La tensión se sentía en cada rincón mientras Maximiliam hablaba con esa mezcla de autoridad y dureza que rara vez usaba fuera del trabajo. Paula, desde una esquina, observaba cada movimiento como si su vida dependiera de ello. El