66. EPÍLOGO Parte II
Kenitra, Marruecos
Sharif
Llevaba unas horas encerrado en el despacho, mismas que vivía desde su partida. Amal y mi abuelo intentaron darme ánimos, pero nada podía hacerlo en este momento, no tenía las fuerzas hoy para hacer nada porque la forma en que ella se fue me destrozó por completo.
La mujer que me dio la vida me odiaba desde siempre, el hombre que se suponía era mi padre en realidad no lo era, no tenía nada en los bolsillos con qué empezar y me encontraba como muerto en vida desde que