CAPÍTULO 38.
Marina llevaba horas sentada en la misma posición, y su cuerpo comenzaba a resentirse. Los músculos de su espalda y piernas palpitaban con un dolor creciente, mientras su cabeza latía como si tuviera un tambor dentro. Intentaba acomodarse un poco en la silla, pero los movimientos solo empeoraban las cosas, como si cada intento de aliviar el dolor fuera un recordatorio de la posición incómoda y la vulnerabilidad en la que se encontraba. Su estómago rugió, pero el miedo a lo desconocido ahogó cua