18. ROSARIO Y OMAR
Lucero
Desperté sintiendo el olor de café recién hecho, mis ojos se abrieron encontrando a Ramiro dejando una bandeja con el desayuno en la mesa y al girarse me ve un poco sorprendido.
—Lo envía tu padre, no te hagas ilusiones.
—No lo hice —respondí gentil acomodándome en la cama. —¿Te quedarás con nosotros o permanecerás en casa hasta el día de la boda?
—Ya veremos, igual seguirás bajo estricta vigilancia las veinticuatro horas.
—Por mí está bien, entre más rápido me acostumbre mejor —se