~ MIA ~
Esperé hasta las once.
No porque las once fuera la hora estratégicamente adecuada, ni porque hubiera calculado el momento óptimo y llegado a esa cifra tras un proceso de análisis. Esperé hasta las once porque Daniel no llegó a casa hasta las diez y cuarenta y siete, y yo necesitaba que se durmiera, y Daniel Weston se dormía como hacía todo lo demás, de forma eficiente, sin aparente dificultad, apagando las luces del dormitorio principal a las once y cuarto las noches en que tenía reunio