Marília estaba intentando adaptarse a la situación, pero no se sentía a gusto. Ella se quejaba repetidas veces de que vivir en aquella mansión la dejaba triste e intimidada, Rafaela pensó sobre eso por muchas veces en su trabajo y no podía permitir que esa situación continuara.
Cierto día, Marília salió con Rafaela y las dos pasaron a conversar sobre el asunto que tanto la molestaba.
— ¿Has alquilado alguna casa?
— Nada todavía Rafa, no sé qué pensar…, pero creo que la vida me está dando todos