No había duda de quién era el —nadie más— al que Belinda hacía referencia.
—¿Está él ahí?—
—Un momento.— Belinda le tendió el teléfono a Edmond, sin darle a él ni a Caroline la opción de deliberar sobre si iban a reconocer lo que Edmond había hecho por su madre y su padre.
La ceja de Edmond se arqueó cuando aceptó el teléfono para preguntar quién estaba al otro lado.
Tu madre, Belinda articuló.
Edmond respiró hondo y soltó el aire antes de hablar. —¿Hola?—
Belinda observó su comportamiento mien