Capítulo 18; No escuches a tu tía.
Sintiendo la satisfacción recorrer su cuerpo, Zashirah abandonó la biblioteca con una enorme sonrisa en su rostro, sentía que podía dar saltos de alegría, solo que, seguramente no sería lo más adecuado, que una de las princesas anduviese dando literalmente saltos en palacio, sin motivo alguno aparente.
-¡Oh, Alá, que alegría!- se dijo, los guardias que conseguía en su recorrido le saludaban y ella devolvía el saludo muy animadamente, pasó junto al salón rosa que tenía la puerta abierta, decidió