Valeria pensó que por fin podría disfrutar de unos minutos de paz y tranquilidad. Cerró los ojos y oyó cómo se abría la puerta de un golpe.
Selena estaba en la puerta, respirando con dificultad. Valeria se bajó de la cama y cruzó los brazos con indiferencia.
Por la mirada de Selena y por la forma en que irrumpió en la habitación, Valeria supo que aquello no iba a ser una conversación amistosa.
—Ya lo sabes, Valeria, a mi madre nunca le caíste bien desde el primer día. —Yo también pensaba que a