Mundo ficciónIniciar sesiónEl frío de la noche me azota el rostro y las piernas descubiertas.
Escucho grillos en patio delantero.
Samuel mantiene su expresión de serenidad fingida y yo jadeo.
— ¿De verdad, Samuel?—pregunto impresionada. Desde luego que me lo llegué a imaginar, pero escucharlo de la boca de Samuel me hace sentir más confianza y seguridad de que no he enloquecido, de que no es una loca idea que se me ocurrió a mí.
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