Seguía algo avergonzada conmigo misma. —nuestros perros jugaban—. Ellas esperaban mi decisión al cambio que debíamos dar y todo por la manera en que Orlando y sus amigos nos metieron en la mafia. Claro que podíamos rechazarlo y punto… Pero estamos cerca de descubrir quién...
—Salomé.
—Pienso en tu propuesta Amira.
—¡Ea ave maría, pues! Ni que fuera tan difícil decir que sí. A esos bombones los necesitamos de nuestro lado y para asegurarlo es en la cama. Y sí que están buenos. Además, ya supe qu