No sabía qué hacer o que decir. Por lo menos Onely estaba dormida, no podía preocuparla y menos ahora que salía de una recaída. La verdad era que no deseaba ni pensar… —Lo mucho que he odiado a los genocidas. Y el recuerdo de una conversación cuando solo era un adolescente de quince años y los gemelos tenían unos cinco. Veíamos las noticias en familia, pocas veces lo hacíamos, pero esa noche sus palabras me quedaron marcadas en mi memoria y como un lema de vida.
—¡¿Por qué el gobierno no hace n