—Vamos, señor Scott, ayúdeme con los cuadros, hay que llevarlos a la entrada.
—Por supuesto.
Lucio palmeó su hombro antes de tomar una de las pinturas cercanas a la puerta y salir de allí. Gabriel se giró y miró aquella docena de cuadros. Marianne no lo recordaba, pero tampoco lo había olvidado po