El Ministro hizo una mueca de impotencia y retrocedió.
—¡Llévatelo! —escupió y se giró hacia Marianne—. Y tú, al helicóptero, que te espera una boda.
Marianne sintió que todo su mundo colapsaba en un solo segundo, pero un gesto de Gabriel fue más que suficiente para que no se pusiera a gritar como