Marianne sonrió mientras se acercaba a él y le daba un beso.
—¿Lo puedes compartir? —susurró mientras Gabriel sentía cómo sus pezones se apretaban contra su pecho.
—¿Contigo? Todo —aseguró el guardaespaldas y ni el frío, ni el agua caliente, ni nada fue obstáculo para que volviera a hacerle el amo