Dos años después.
—¿Lista para esto, muñeca? —preguntó Morgan.
Stela giró la cabeza y negó.
—No... está muy grande.
—No te asustes, no es para tanto...
—¡Pero me va a doler! —protestó ella.
—Solo al principio, tú cierra los ojos y respira.
—¡Pues claro, como no es a ti al que se la van a mete