—Eres una mujer increíble —murmuró.
—Gracias —respondió ella sonrojándose y limpiándose los labios—. Tengo mis momentos...
De repente escucharon un ruido dentro de la habitación de los servidores y Max salió corriendo hacia ellos.
—¡Tenemos que irnos, ahora! —espetó él mientras los empujaba—. Ent