Stela suspiró pesadamente y clavó en él aquellos ojazos verdes.
—Voy a arrepentirme de esto, ¿verdad? —preguntó.
—Cada día de tu vida —respondió él y Stela soltó tres maldiciones antes de aceptar.
—Está bien, entonces vendré a vivir contigo, pero solo hasta que Marianne y Gabriel se encuentren a