—¿Para qué la secuestraste, qué querías saber? —lo interrogó.
El hombre apretó los labios y Morgan estaba a punto de amenazarlo cuando escuchó un disparo.
—¡Joder! ¿¡Cómo haces eso!? —gritó al ver el arma del secuestrador en las manos de Stela—. ¡Suelta eso, diabla...!
Pero Stela solo se alejó de