Gabriel entró al departamento como si fuera un huracán, y arrinconó a Marianne en la pequeña cocina, mirándola de arriba abajo.
—¿Dónde te lastimaste? —preguntó dando la vuelta a su alrededor, pero ella negó.
—En ningún lado…
Gabriel arrugó el ceño, lleno de preocupación.
—No te voy a tocar, moc