—¡Gabo!
—¡Entra! —gritó Gabriel y el equipo derribó aquella puerta en un segundo, para ver a Gabriel con Angus Moore arrodillado delante de él.
Moore miró con desesperación cómo los hombres de Gabriel se habían adueñado de la casa y de la situación. Sabía que estaba perdido, y que ya nada detenía