—Claro que sí. ¡Claro que sí! —gritó y él la levantó, besándola apasionadamente, con la felicidad y el alivio bailándole en la sonrisa.
Lo que siguió a aquella hermosa noche fue un caos de preparativos. Stela quería dirigir la boda, Lucio se negaba a que rentaran un local cuando su mansión en Gineb