La pregunta hizo que Zia tuviera un ataque de risa, llevándose una mano a la boca para intentar contenerse. No cabía duda de que solo a Nicola se le ocurría hacerle esa pregunta a Fabrizio sin miedo a morir.
Fabrizio le lanzó una mirada penetrante a su hermano, sus labios apretados en una línea delgada.
—Voy a hacer de cuenta que no preguntaste eso —dijo, manteniendo la calma, aunque su voz tenía un tono helado.
—¿Y eso qué tiene? Igual te amaremos —insistió Nicola, con una sonrisa traviesa y e