Capítulo 32. Amenazas de una princesa
Raner miró por última vez. A su espalda, en el horizonte, quedaba aquel imponente palacio, nunca antes se había sentido mal por dejar aquel lugar, aunque fuera solo por unos días, y no dudaba de que se sentirían como una eternidad antes de volver. Cuando decidió irse estaba seguro de que era lo correcto, no solo por la misión que tenía, sino porque sabía que Maija necesitaría espacio, y ya le era difícil dárselo teniéndola tan cerca.
—¿Está todo bien, príncipe? —Estaba tan sumido en sus pensam