71: Perdidos en Múnich.
En cuanto Dexter siente sus labios contra los de la castaña, se paraliza. No puede mover sus labios para dejarse caer en el que posiblemente sería el mejor beso de su vida. En cambio, da un paso atrás y coloca sus manos en los hombros de la chica.
Está completamente seguro de que tiene toda la piel colorada ahora mismo.
—Evangeline... Esto está mal.
Confundida, la castaña aparta su toque.
—¿Por qué?, te gusto, ¿no?
—Eva... —Y exhala, frustrado—. Echaría a la borda todos mis conocimientos y expe