Miré al chico que me observaba con atención y le pedí un momento, apartándome de él hablé.
—Pensé que me habías dejado en paz, maldita sea —Traté de sonar lo más dura que podía pero la verdad era que me temblaban las piernas mientras sentía un ansia extraña que nunca había sentido salvo con el enigmático desconocido—, no tienes ningún derecho a pedirme que me aleje de nadie.
—En eso te equivocas dulce Verónica, tú eres mía y si ese bastardo no sale de tu casa ahora mismo algo muy malo pasará.
M