Esta ansiedad era aún más intensa que cuando se enteró de que Esteban había recuperado gran parte de su memoria.
—Isabella ya está casada, tal vez la niña solo sea un poco alta—dijo Valentina, controlando la situación, su respiración agitada, manteniendo la calma y sosteniendo a Raquel por el otro lado. —Lo siento mucho, señora, llegué tarde y no pude encontrar las Peonías de Plata Coronada que le gustan. Seguiré buscando un vendedor dispuesto.
Raquel no tenía cabeza para preocuparse por las flo