Astrid se dejó llevar por el que pasó corriendo, se tropezó y casi se cayó. Después de estabilizar sus pies, solo vio que la figura se alejaba rápidamente.
De repente, alguien agarró el hombro de Astrid: –Jovencita, ¿puede hacerme un favor?– Astrid oyó una voz detrás de ella y se ocupó de girar la cabeza. Delante de ella había una mujer jadeante que, por su vestimenta, parecía tener una posición acomodada.
–Me han robado el bolso, ¿puedes ayudarme?– La mujer miró a Astrid con sinceridad. Astri