Capítulo 40. Tu presencia es una maldición
—¿Por qué nunca quieres escucharme ni una sola vez, Dominic? ¡Tu presencia es una maldición para nosotros!
La voz de Avery se alzó, aguda, entre el rugido del motor de un coche estacionado frente a la reja de la escuela. Respiraba con dificultad; sus ojos comenzaban a humedecerse mientras miraba al hombre que se erguía frente a ella.
Dominic Moretti no se movió. Estaba allí sin la habitual fila de guardaespaldas rígidos que solían rodearlo como una fortaleza ambulante. Solo un sencillo sedán ne