Raúl esperaba a su hermano en su apartamento. Tenía unas llaves de emergencia que le había dado su hermano hace unos meses por si algún día necesitaba entrar, y las había utilizado.
De todas formas, jamás había encontrado a su hermano en ningún plan incómodo. Esperó ahí, atentamente, observando por la ventana el momento en el que el auto de su hermano apareciera por el estacionamiento.
Quería enfrentarlo, quería hablar con él, quería que le dijera que no. Pero tuvo miedo de que le dijera que sí