Tuve el impulso de dar la vuelta y marcharme, pero ya estaba ahí. Aunque mi razón me decía una cosa, mi razón me decía otra.
Sería una ingenua si dijera que no sentía nada por Alexander, a pesar de todo lo que había sucedido y de que quería verlo sufrir como venganza.
Pero ahí, mientras me daba la espalda, pude ver cómo tenía roto el corazón. Al igual que la vez anterior, lo hacía sin mostrar ningún tipo de emoción por su sufrimiento.
Avancé hacia él despacio y dejé los papeles sobre el escrito