La camioneta de Raul se detuvo frente a una enorme construcción, un edificio grandísimo construido en cristal.
Lo había visto varias veces, pero nunca me había detenido a pensar de quién era o qué se hacía allí.
Me sorprendió encontrar el nombre de la empresa: era una de las competencias directas de la naviera Idilio, pero esta era una transportadora aérea, no marítima.
Habíamos dejado al abuelo en la finca de Raúl, donde estaría cómodo, y en la despedida Él me sonrió con alegría, aunque no