Todos los Pilares estuvieron presentes, y yo me sentía abrumada por la cantidad insólita de personajes que se reunieron para el sepelio de Ezequiel.
Cada Pilar, bueno, más extravagante y famoso que el anterior, se reunía alrededor del ataúd para contemplar el cadáver de lo que alguna vez fue su líder máximo. Ahora Alexander tenía que estrechar hipócritamente cada mano, tenía que verlos a los ojos y decirles que podían confiar en sus intereses y que las cosas seguirían el mismo rumbo con el que