183| Alex.
Ana Laura y yo cruzamos una mirada. Entendíamos que no podríamos librarnos de aquello, así que le di un cálido beso en los labios y le indiqué:
— Nos vemos afuera en un rato.
Ella asintió, saliendo junto con todos los demás, pero mi padre parecía que no estaba dispuesto a dejarnos ir tan rápido. Nos tomó a cada uno por los codos y nos guió hacia el elevador, directo al parqueadero. Cuando las puertas se abrieron, tres trontes estaban ahí, fuertemente armados, con los radios en las manos y obse