Cuando Paloma despertó, sintió las manos entumecidas. Tenía la visión borrosa y estaba en una habitación oscura.
No sabía exactamente qué había pasado. Parecía que su memoria había fallado. Pero entonces, fragmentos de recuerdos regresaron a ella: una bala destrozando el cráneo de un hombre en la puerta de su casa, los ojos oscuros de Sebastián, el joven que supuestamente la había rescatado y que luego la había lanzado en la camioneta frente a Máximo; la fuerte mano del hombre apoyando un trapo