120| Alex.
Esa mañana me desperté dando un salto. Había tenido una oscura pesadilla donde las personas que quería morían. Escuché disparos y el corazón latía con tanta fuerza en el pecho que, cuando abrí los ojos en la mañana, la sangre subió a mi cabeza provocándome un mareo.
Estiré mi mano, buscando en la vasta funda el pequeño cuerpo de mi hijo. Esteban seguía ahí, muy pegado a mi cuerpo, justo como se había quedado dormido.
Desde que Gabriela y yo nos habíamos separado, Esteban se había sentido más so