Vítor
Acabo de despertarme, todavía somnoliento, y mi primer instinto es ir directamente al baño a refrescarme la cara. Me miro en el espejo y reflexiono un rato sobre mí mismo. Mis ojos cansados reflejan un sueño perturbado. Es el efecto de anoche, un torbellino de pensamientos relacionados con esa maldita llamada telefónica. Una llamada que me puso furiosa.
Mientras el agua helada corre por mi cara, noto las arrugas que se forman en mi frente y las ojeras que aparecen oscuras y exageradament