Ese señor nos quedó mirando a mi hermano y a mí, era un hombre intimidante, cabello negro bastante grande, mucho más corpulento que mi padre, vestido de traje que lo hace parecer más un asesino que un empresario. Menos mal la abuela se encontraba con Emiliano, tales acontecimientos la ponían nerviosa.
—Nosotros somos los familiares. —dije, tratando de mantener la voz fuerte. Emilio se quedó a mi lado.
—¡Retiren la puta demanda contra mi hija!
El grito hizo que los presentes miraran a nuestro la