Odio el mes de junio. Hace un año mi madre nos dejó y ahora lo hacía el abuelo, y lo más triste era que no podíamos viajar para sepultarlo y acompañar a la abuela. Los vuelos internacionales estaban cerrados, tanto en Colombia como en Estados Unidos. La abuela se encontraba sola soportando el dolor. —Me aferré al cojín de la sala. Papá sin dejar de llorar consolaba a los mellizos, quienes habían tenido una crisis incontrolable.
—¡Acaso tenemos una maldición! —gritó Emiliano. Quien se levantó.