Al llegar a su casa Isabella se dedico a jugar, mimar y bañar a su pequeño con mucho cuidado, para luego amamantarlo y cantarle, mientras lo arrullaba su mente empezaba a hacerle recordar esa sensación tan diferente, pero al mismo tiempo tan familiar de estar entre los brazos de Dante.
- No – se regañó a sí misma – yo no debo pensar en nada de eso, yo debo hacerle pagar, no debo caer y creer en sus mentiras – menciono frunciendo el ceño, en eso vio a su pequeño mover sus manitas y balbucear – h