Mundo de ficçãoIniciar sessãoParte 10...
—Mañana, cuando vengas, quiero que traigas tus documentos —dijo él, tomando un bloc que tenía detrás y un bolígrafo—. Voy a escribirlo en letra de imprenta porque mi letra es terrible.
—Eso es normal en un médico —bromeó ella.
—Es verdad —sonrió, señalándola—. Creo que podrás quedarte con nosotros. Me gustó tu honestidad y la forma tan natural en que hablas de tu situación.
—Es que, después de tanto tiempo, aca…bé entendiendo que no, no… —emitió un pequeño sonido de frustración y él esperó con paciencia—. Que mi vida es así ahora y… ya está —gesticuló suavemente.
Él arrancó la hoja y se la entregó con una sonrisa. Ella estaba luchando, y aquello le parecía hermoso. ¿Cuánto tiempo llevaba intentando salir adelante? Era una persona valiosa y, aun así, conservaba una actitud positiva. Eso le gustaba.
—Haremos lo siguiente —se levantó y fue hacia el escritorio—. Dejaré este formulario para que lo completes mañana con calma —le mostró el documento y lo sujetó con una pirámide de cristal junto al portátil—. ¿A qué hora puedes venir mañana?
—Prefiero por la mañana —se levantó, acomodándose el bolso en el hombro derecho—. Tengo algunos trabajos por la tar…de y prefiero mantenerlos así hasta que…
—Hasta que termine tu período de prueba —ella asintió.
—No puedo dejarlos antes de sa…ber cómo irá todo, porque yo nece…sito pagar las cuentas —reformuló la frase con esfuerzo.
—Lo entiendo y me parece correcto —rodeó el escritorio, y en ese momento su estómago rugió. Se llevó la mano al abdomen, haciendo una mueca—. Perdona, tengo hambre. Se me pasó la hora y solo comí una fruta.
—Eso no es bueno —dijo ella con suavidad.
—Lo sé. Mi madre siempre me regaña por eso —rió.
—Ima…gino. Me gusta mucho conversar con tu madre.
—Es una pieza única, como dice mi padre.
Ella sonrió y asintió. Luego miró hacia la puerta.
—¿Puedo irme ahora o… necesitas algo más?
—No, pero me gustaría mucho que me llamaras Mike —hizo una mueca divertida—. No soy viejo. Tengo treinta y un años.
—De acuerdo. Si lo olvido, me lo recuerdas —rió ella.
—¿Cuántos años tienes, Camila?
—Hum… —pensó un momento—. Veinte… no… veinticinco.
Ambos rieron. Mike observó su postura y sus movimientos. No parecía alguien con dificultades. Su rostro era hermoso; era más baja que él y su porte era natural. Ni siquiera parecía que arrastrara ligeramente la pierna.
—Te pido mil disculpas por el retraso. Cuando trabajo me concentro tanto que hasta olvido comer.
—Lo noté —rió ella, poniendo los ojos en blanco—. Pero eso es bueno, porque amas lo que haces.
—Realmente es una pasión —su estómago volvió a rugir—. ¿Qué te parece empezar mañana a las siete? ¿Es demasiado temprano?
—No, puedo lle…gar a esa hora —se acomodó el cabello, ahora con expresión seria—. Gracias por de…jarme intentarlo, pero no prometo que no… no vaya a cometer algún error —encogió ligeramente el hombro y suspiró—. Pero prometo que intentaré no hacer na…da mal y dar lo mejor de mí.
—Eso es perfecto —sonrió—. Espero que sea una buena oportunidad para ti y que todo salga bien. Si das lo mejor de ti, estoy seguro de que funcionará.
—Muchas gracias —extendió la mano hacia él—. Solo necesito una cosa de tu parte.
—¿Y qué es? —preguntó, tomando su mano.
—Que nun…ca me mientas… por lástima o pa…ra no hacerme sentir mal. Quiero ser… ser tratada como una persona normal.
Él sintió un nudo en la garganta. Aun sabiendo poco de ella, sintió orgullo por su determinación, incluso dentro de la confusión que le causaba su condición.
—Hablaré con la chica que abre la clínica por las mañanas —apretó su mano con suavidad—. Y te prometo que nunca te mentiré. Serás tratada como cualquier otra persona, como cualquier empleado.
Ella sonrió y asintió. Le dio las buenas noches y salió caminando despacio. Él observó su pierna derecha, que parecía pesada y apenas levantaba el pie al andar, aunque se movía más rápido de lo que había imaginado.
Se quedó mirando la puerta, preguntándose si sería capaz de cumplir aquella promesa. Camila era alguien tan distinta que lo había tocado de una manera que jamás había experimentado.
Deseaba de verdad que superara el período de prueba. Sentía que le dolería tener que despedirla.
Ninha Cardoso
Autora de historias románticas.Te agradezco que dejes tu comentario para saber qué te está pareciendo la novela hasta este momento.







