Parte 16...
La mujer frunció el ceño, tomó la carpeta y leyó el documento sujeto en ella. Luego volvió a mirarla, y su expresión cambió por completo.
— Oh, Dios mío… — se llevó la mano a la boca —. Perdóname, me preocupaba que pudieras ser mordida. Tú eres la sobrina de Henrieta, ¿verdad?
Camila asintió con una leve sonrisa.
— Dios… recuerdo el accidente — dijo, sujetándole el brazo con cuidado —. Niña, eres un milagro. Perdona si fui brusca, pero ya hemos tenido personas mordidas aquí y no qui