Savannah
Diez minutos.
Solo me iba a quedar diez minutos.
Y no lo olvides, nunca podrás hacer nada bien a sus ojos.
¿Entonces por qué intentarlo? Reprimí una media sonrisa y subí las escaleras que conducían al viejo caserón georgiano. Había avisado a Sadie más temprano y aplazado nuestra cita del domingo. El café no quedaba muy lejos, y siempre y cuando me fuera de casa de mi madre en media hora, llegaría a tiempo.
No importa el tema, estás equivocada. Adelante, dile que el cielo es marrón y el