Esa noche, acostada en mi cama, no podía dejar de pensar en la entrevista fallida de hoy y en la sinceridad de Sebastián.
No necesito compasión; solo quiero ser tratada de manera justa e igualitaria.
Pero los ideales son hermosos y la realidad, a menudo, cruel.
Después de descubrir la traición de Hugo, decidí contraatacar de manera razonable. ¿Por qué me etiquetaron como «manipuladora», «calculadora» y «agresiva»?
No lo entiendo, y no creo haber hecho nada malo.
Con cierta terquedad, le dije a D