Capítulo 154
Hugo, siendo el hombre inteligente que es, no necesitó más explicaciones.

Su cara pasó por una serie de emociones: incredulidad, revelación, shock.

Fue un espectáculo.

En ese momento, sentí una satisfacción indescriptible, una especie de justicia.

Hugo se puso nervioso y se agarró a las barras, con los ojos inyectados en sangre. —¡Sofía, estás mintiendo! ¡Estás mintiendo, maldita sea! ¡Juana no pudo haberme usado así!

Los guardias intervinieron de inmediato, ordenándole que se calmara y se senta
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