Capítulo 35 - Qué vergüenza

No iba a mandarme, debe entender que no soy un objeto que puede poner en cualquier parte.

—No iré contigo a ninguna parte.

En dos zancadas llegó a la puerta y la cerró tan fuerte, pensé que la dejaría giratoria. Escuché como volvió a tirar la del apartamento. Las piernas me flaquearon, caí en la cama, no pude contener más las lágrimas, comencé a llorar y llorar temblando de miedo.

Pudo haberme matado en ese estado, con la fama que tenía, sin embargo, no lo hizo, prefirió alejarse. Qué quiso dec
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