—¿Qué te ha pasado? —la voz aterrorizada de mi mejor amiga me hizo abrir los ojos
Pude observarla mientras se arrodillaba a mi lado y sus manos comenzaban a acurrucarme con suavidad pero con mucha delicadeza; siendo interrumpida por una tos involuntaria que me retorcía del dolor por los golpes o las múltiples heridas que tengo en todo el cuerpo y dejando escapar algo de sangre entre mis labios.
— No Julia, por favor, no cierres los ojos — su voz se sentía cada vez más lejana y mis parpados comen