Mis shorts son casi como unas bragas, así que no hace falta quitárselos; abro las piernas sobre la cama y lo miro mientras él me mira a mí.
La habitación se siente más caliente que el verano y está cargada de lujuria; la tensión es tan palpable que sé que podría saborearla si sacara la lengua.
Lentamente, aparto la tela elástica del short hacia un lado, dejando mi concha al desnudo, al aire y a la vista de los dos. A Rocky se le corta la respiración de forma audible al verme empezar a tocarme u