—Hola, muñeca. —Roy ladeó la sonrisa al ver a la pelinegra alta, de cuerpo perfecto. La verdad, con todo jodidamente perfecto, es una estirada.
—No me gusta que me diga así. —Lo miró con altanería. —Debes saber que tú nunca tendrás a una mujer de mi altura. Debería avergonzarte, hablarle así a la pareja de tu jefe. —Roy no lo soportó y carcajeó haciendo que la mujer lo mirase con desagrado.
—Primeramente en mi put4 vida quisiera a una tía tan estirada a mi lado, segundo si soy amable contigo es